Los parásitos han ayudado a dar forma a los sistemas endocrinos y nerviosos de los animales.

Los investigadores están comenzando a recopilar pistas sobre la relación entre parásitos y huéspedes para descubrir cómo esto dio forma a algunas funciones del cerebro animal. El psicólogo de la Universidad de Nuevo México, Marco Del Giudice, publicó recientemente una revisión exhaustiva de la investigación sobre este tema.

Llamado "Diseñadores invisibles: evolución cerebral a través de lentes de manipulación de parásitos", el análisis explica que el implacable ataque parasitario probablemente moldeó los sistemas nervioso y endocrino del huésped. "Millones de años de ataques por manipulación de organismos deben haber ejercido una fuerte presión selectiva sobre la evolución del cerebro en los animales", explica el investigador en la revisión trimestral de Biología .

(Fuente: Pixabay)

Sistemas de manipulación

Puede parecer imposible que algo tan pequeño y simple como un organismo unicelular pueda tomar el control de una forma de vida mucho más grande, pero a menudo puede identificar el fenómeno en la naturaleza. Las ratas tienen una reacción instintiva innata al olor de un felino que dice "aléjate". Este es un sentido evolutivo básico, pero un ratón infectado con Toxoplasma gondii no actúa de esa manera.

El parásito tiene un objetivo: obtener acceso al llamado "huésped definitivo". En ese caso, quiere construir una casa dentro de un gato. Los ratones infectados con Toxoplasma gondii pierden su aversión al olor felino, lo que aumenta en gran medida sus posibilidades de ser asesinados y la migración del parásito. Algunos investigadores han descubierto que las ratas incluso se sienten atraídas por el olor de los "enemigos" y aceleran su destrucción.

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Como lo hacen La química explica. Las neuronas se comunican a través de señales químicas, por lo que es esencial que los parásitos entren en este proceso. "Los parásitos pueden penetrar el cerebro y atacarlo desde adentro o secretar compuestos neuroactivos que lo alcanzarán a través de la circulación", dice Del Giudice. "En ambos casos, deben superar la interfaz sangre-cerebro y sus defensas".

El cuerpo y el cerebro también intercambian información a través de sustancias químicas liberadas por los órganos endocrinos, como la tiroides y las gónadas, así como partes del sistema inmunitario. Un parásito puede alojarse en un órgano o manipularse desde el exterior. "Las hormonas producidas por estos órganos modulan la función cerebral y pueden afectar poderosamente el comportamiento", dice el investigador.

Hay muchos otros ejemplos de animales manipulados por parásitos. Las hormigas infectadas por un gusano redondo llamado Myrmeconema neotropicumturns cambian de negro a rojo, atrayendo pájaros hambrientos, el huésped definitivo del gusano. Algunos peces enfermos pierden su coordinación motora y se convierten en presas más fáciles, propagando a estos seres.

Los parásitos han estado tratando de secuestrar animales durante mucho tiempo. Afortunadamente, largos siglos de exposición a parásitos hostiles han llevado a defensas que les dificultan permanecer en el cerebro. Del Giudice dice que podría haber muchos más de estos enfrentamientos polimórficos bloqueados en nuestro ADN hace millones de años.

Lecciones y avances

Otra lección que los parásitos pueden enseñarnos proviene de un terrible ejemplo, en el que las avispas preparan químicamente a las cucarachas para que sean sus víctimas. La avispa simplemente inyecta un cóctel químico en la cabeza de la cucaracha, bombeando los ganglios del insecto con una mezcla de receptores de dopamina, octopamina y opioides. Bajo influencia química, la cucaracha se limpia compulsivamente durante media hora mientras la avispa prepara un nido; Cuando regresa para encontrar la cucaracha exhausta, mutila su antena y la lleva de regreso al nido, donde la víctima se queda quieta mientras la avispa coloca la larva dentro de su cuerpo.

Este ejemplo apunta a la efectividad de los parásitos que no dependen de un solo químico para acceder al cerebro animal. Los parásitos exitosos tienden a obtener acceso utilizando múltiples vías químicas en lugar de especializarse en una sola.

También hay una tendencia a escalonar los ataques, preparándose para la gran intrusión con una presa química que pone el campo en ventaja. Al igual que las defensas de artillería en un campo de batalla militar, algunos parásitos estimulan la producción de dopamina del huésped, lo que interfiere con las reacciones defensivas antes de liberar químicos invasivos diseñados para infiltrarse en el cerebro o en el órgano del sistema nervioso.

La influencia de los parásitos en la evolución puede tener implicaciones modernas. Saber cómo ayudar al cuerpo a defenderse contra los parásitos es solo una parte de la ecuación. Al igual que ellos, los humanos también están tratando de entender el funcionamiento del cerebro mismo.

Saber cómo transportar productos químicos a través de la barrera hematoencefálica es fundamental para desarrollar tratamientos farmacológicos para los trastornos del estado de ánimo. "Si el cerebro humano contiene contramedidas desarrolladas a partir de la manipulación", escribe Del Giudice, "las implicaciones para la psicofarmacología pueden ser profundas. Los tratamientos farmacológicos estándar pueden imitar involuntariamente un ataque parasitario y desencadenar respuestas defensivas especializadas".