¿Sabías que los asteroides también pueden tener anillos?

Los anillos de Saturno son una formación increíble que se puede ver aquí desde la Tierra, incluso con un simple telescopio. Con un diámetro de anillo de 270, 000 kilómetros, es difícil no notar la característica, pero ¿sabías que los cuerpos más pequeños también pueden tener sus propios anillos?

El misterio de los anillos

Nuestro conocimiento de las formaciones y estructuras espaciales es aún pequeño, pero el envío de sondas a varios puntos del Sistema Solar ha contribuido a aumentar la información sobre nuestro vecindario en el Universo. Una misión que contribuyó en gran medida a esto fue Cassini, cuyo objetivo principal era estudiar el planeta Saturno.

Los científicos ya sabían que los anillos están formados por nubes de hielo, rocas y polvo; Sin embargo, después de completar la misión en el análisis de Saturno, los funcionarios decidieron dirigir la sonda a los anillos. Este fue un movimiento arriesgado, realizado después de completar todos los objetivos iniciales, ya que la colisión con algún objeto era inevitable.

Afortunadamente, la audacia fue recompensada con numerosos descubrimientos, que solo fueron posibles gracias al enfoque del equipo. Las imágenes grabadas mostraron que los anillos están compuestos de fragmentos de todos los tamaños, desde pequeños como granos de arena hasta grandes como montañas. Sin embargo, incluso con la proximidad, no fue posible determinar si el material analizado realmente se originó en una luna que se desmorona o su edad.

En cualquier caso, los anillos no son un misterio total, ya que algunas regiones ya han sido mapeadas y su origen está definido. Uno de ellos es el anillo E, que tiene un brillo distintivo y está formado por el material arrojado por los criovolcanes en la superficie de Encelado, una de las lunas que orbitan el planeta.

Asteroide comprometido

Si bien no es tan prominente como los que están alrededor de Saturno, también hay anillos alrededor de Neptuno, Júpiter y Urano. Algo nunca antes visto eran anillos alrededor de otros cuerpos celestes, una situación que cambió en 2014 cuando fueron identificados alrededor del asteroide Chariko. El planeta enano Haumea, que se encuentra en el Cinturón de Kuiper, también tuvo una formación de anillos a su alrededor en 2017.

Estos nuevos descubrimientos alentaron al astrónomo Bruno Sicardy del Observatorio de París a emprender un estudio que analizara cómo funcionan estas formaciones y cómo se mantienen alrededor de los cuerpos celestes.

Como se trata de un tema reciente, los investigadores involucrados tienen varias explicaciones para la capacitación. Una es que si el cuerpo gira lo suficientemente rápido, puede crear una resonancia que evita la expansión y la posterior disolución de los anillos de escombros.

Otra posibilidad es que haya una gran concentración de masa, como una montaña, en el asteroide o el planeta enano, lo que hace que los escombros sean atraídos hacia la formación en lugar de dispersarse.

Maryame El Moutamid, uno de los autores del estudio, dijo que "en el caso de Chariklo, las irregularidades limitan los anillos. En el caso de Haumea, la gran planitud del cuerpo hace el trabajo". Estudios como este pueden ser útiles en una posible misión de explorar los anillos o incluso los planetas alrededor de los cuales se encuentran.